*kōan; nace con un compromiso: ser un entramado de relaciones entre público, artistas, galeristas e instituciones, no una mera acumulación de obras. El patrimonio es un bien que trasciende la propiedad privada. Cada obra retirada de la circulación y confinada a un uso exclusivamente privado es, en alguna medida, un fragmento de patrimonio que deja de cumplir su función pública. Prestar, exhibir, mantener la obra a la vista es el modo en que el coleccionismo se hace responsable ante esa amenaza.

*kōan; rechaza el arte como un objeto de consumo o fetiche museístico. Ninguna obra se agota en su materialidad tangible ni en su cotización en el mercado. Cada una remite a una experiencia, un recuerdo, una emoción o una pregunta que la empujan hacia sus propios límites.

Coleccionar no consiste en atesorar objetos, sino en preservar su capacidad de producir significados.

*kōan; no es un nombre, una marca o una etiqueta. Ni siquiera es una declaración de intenciones: es una instrucción, un plan de trabajo que nunca llegará a concluirse.